CRITICA DE CESAR MAGRINI
La pintura de Cuqui Sánchez es suave, tierna, de esmerado diseño y en una gama amortiguada e interior, lo que otorga a sus diversas composiciones, así se trate del paisaje o de cuidadas y susurrantes naturalezas muertas, un encanto sumamente particular, alejado de la retórica y, afortunadamente insensible a los reclamos de los fugaces “ismos” de moda.
CRITICA DE FERMIN FEVRE
Dos temas tradicionales que han definido a la creación pictórica de todas las épocas aborda la artista Cuqui Sánchez. Ellos son, el paisaje y la naturaleza muerta. El tratamiento que hace de estos dos temas que atraviesan a la pintura de tantos artistas señalan su identidad pictórica.
Cabe preguntarse entonces hasta donde Cuqui Sánchez se aparta o no de la representación realista. En ambos casos, hace una recreación ficcional, vale decir, como si hiciera ambas cosas, manteniéndose a distancia de una relación puramente representativa. Por eso tanto en los paisajes como en las naturalezas vemos, antes que nada una escenografía, vale decir, un recorte fragmentario de la realidad. Dentro de ese marco, la artista crea su propio espacio de ficción.
Los paisajes tienen tanto de la visión directa del natural, como de la creación indirecta de la imaginación. Decía John Ruskin que el artista no pinta lo que ve, sino lo que sabe. Algo parecido señalaba Edvard Munch, cuando decía que, en realidad, el artista, antes que pintar lo que ve, pinta lo que vió. Paul Valery iba aún más allá , el señalar que el artista no pinta lo que se ve, sino lo que se verá.
En esa doble o triple dualidad de perspectivas, se sitúa inevitablemente la creación artística, dando razón de ser al arte, como una invención constante de horizontes nuevos.
Cuqui Sánchez transita esta senda, tan incierta, como ambigua, tan inabarcable como perturbadora. Llevar este hecho a la percepción de los demás es su mayor desafío . |